venerdì 28 gennaio 2022

Fraternidades Internacionales de San Lorenzo en la Amazonia - proyecto

 

Fraternidades Capuchinas Misioneras

en el Corazón de la Amazonia 

 1.      Introducción.

Ya desde 2010, y un poco más en el sexenio pasado, se empezó a hablar de una fraternidad interprovincial en la Amazonia, donde se pudiera realizar un trabajo misionero especialmente dedicado a los indígenas. La propuesta fue discutida en varias estancias sin que se llegara a una concretización.

Al inicio de este sexenio nuestro Ministro General Roberto Genuin propuso lo siguiente en su carta programática “Agradezcamos al Señor”:

Vistos los resultados positivos y el estímulo del Capítulo, el Consejo general quiere estudiar la posibilidad de iniciar también en América alguna fraternidad intercultural como las del proyecto Fraternidades para Europa. Creemos que puede ser un instrumento válido para dar savia nueva a otras circunscripciones fuera de los límites territoriales del viejo continente. Quizás, para superar la designación geográfica y tomando como referencia este año jubilar dedicado a San Lorenzo de Brindis - hombre que sabía conjugar admirablemente la prolongada oración, con la preparación cultural y un compromiso incansable para implantar con eficacia y hacer progresar vigorosamente la Orden - se ha pensado denominar al proyecto, ya no "Fraternidades para Europa" sino proyecto "Fraternidad San Lorenzo de Brindis”. (# 51) 


2.      ¿Qué son las Fraternidades San Lorenzo de Brindis?

Como fruto del encuentro de realizado en Fátima en diciembre de 2014, fray Mauro Jöhri definía estas fraternidades de la siguiente manera:

“Queremos intentar un nuevo camino, constituyendo fraternidades interculturales, que a la luz del evangelio y de nuestras Constituciones vivan la oración, la vida fraterna y la misión en modo auténtico y coherente. El recurso de la interculturalidad será el testimonio de que los hermanos provenientes de diversas culturas, si miran a Cristo presente entre ellos, pueden vivir, entregarse y trabajar unidos. Nos sostiene la certeza de que el carisma de Francisco de Asís, vivido y testimoniado tiene todavía tanto que decir y comunicar a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo.”

“Deseo ver surgir fraternidades que vivan una fe pura y profunda, donde la cualidad de las relaciones fraternas se convierta en testimonio del Amor de Dios, y lugar de acogida capaz de generar propuestas de seguimiento al Señor Jesús. Queremos evangelizar con nuestra vida cotidiana y lo queremos hacer en comunión con las Iglesias locales y con las realidades eclesiales allí donde el Señor nos conceda estar presentes.” (Fr. Mauro Jöhri – Fraternidades para Europa – 28/01/2015). 

3.      Características carismáticas de las fraternidades San Lorenzo de Brindis.

Estas fraternidades deberán vivir intensamente la vida fraterna, la minoridad, la oración y el apostolado. Indicamos algunas características carismáticas de estas fraternidades internacionales: 


A.     Sobre el valor de la vida fraterna:

Los hermanos deben estar convencidos que la vida fraterna es básica en nuestra vida capuchina y también que es nuestro primer apostolado. Ser de verdad hermanos: querernos, cuidarnos, servirnos, atendernos, gustar de estar entre nosotros. Para ello se debe generar un ambiente de confianza, de alegría, de sensibilidad, de acogida, de diálogo, y también de perdón. Todo esto, no es nada más que vivir el evangelio y si queremos evangelizar debemos primero disponernos a experimentarlo. 

Por eso será muy importante una convivencia fraterna de calidad generando un buen ambiente: durante las comidas, momentos de recreación, celebraciones de los cumpleaños, algún paseo, noches o día de fraternidad, momentos frecuentes en que se reúnen todos y solo los hermanos de la fraternidad.

Es muy importante que una vez al mes se tenga el capítulo local, como ocasión propicia de formación, oración, revisión de la vida, compartir de los sentimientos, la programación y evaluación de las actividades, etc.

Será además muy importante que los hermanos dediquen tiempo a conocerse, a escucharse: la vida familiar, la historia vocacional, los sueños y frustraciones, las expectativas con la fraternidad. Las relaciones fraternas se consolidan mucho cuando se experimenta juntos los momentos de dolor y dificultad como verdaderos hermanos o hasta como “madres”, especialmente, por ejemplo, en los momentos de enfermedad, de dificultad familiar (enfermedad de los padres o parientes cercanos, duelos, crisis… escuchar, rezar juntos…), momentos de algún conflicto o crisis.

El guardián de cada una de estas fraternidades será una figura fundamental para que sea un verdadero estimulador de la fraternidad y de la relación con la otra. Por eso, para nombrarlo será muy importante que el superior mayor haga un buen discernimiento involucrando también con el consejero general del área.   


 

B.     Sobre el valor de la minoridad.

Francisco se inspiraba mucho en el misterio de la encarnación para animarse a la minoridad. También esta característica debe estar muy presente en nuestra vida para no desfigurar nuestro ser franciscano. En la minoridad encontramos la suma de la pobreza con la humildad y está relacionada a la sobriedad, sencillez, esencialidad, transparencia.

Expresiones concretas de minoridad que deben ser cultivadas en estas fraternidades. Asumir con alegría y celo los servicios sencillos de la casa, evitando en lo posible tener empleados para hacer las cosas que son propias de los «menores». Se hace raro cuando contratamos a personas para hacer en nuestras casas las cosas más sencillas.

Se deberá promover la sencillez en las cosas que tenemos y usamos, la sobriedad en la comida, que debe ser buena, suficiente, saludable pero a la vez sencilla e inspirada en las comidas que come la gente del lugar. No podemos en nuestras casas ordinariamente comer lo que no es propio del lugar, esto sería una falta de encarnación. En algún día festivo ciertamente se podrá “importar”.

Es importante llevar una economía transparente y atenta a las necesidades auténticas de los hermanos. Los ecónomos deben sentirse servidores de la fraternidad y no otra cosa, y todos deben entregar con confianza todo lo que reciben. La fraternidad debe buscar con creatividad ser productiva. Se podría decir que debe intentar auto mantenerse en las cosas ordinarias, dentro de lo que se pueda en esta especifica realidad misionera. Ciertamente cuando haya un grupo de formandos los gastos serán mayores y se podrá recurrir a otras subvenciones.

El amor por el trabajo es sin dudas una parte importante de nuestra espiritualidad, el trabajo es una gracia. Lo normal en nuestra vida es trabajar para lo que “comemos” y también para la caridad. Si somos sanos y capaces, debemos rechazar la idea de ser mantenidos. Vivimos del trabajo de nuestras manos y cuando nos falta recurrimos a la mesa del Señor. No olvidemos que somos una orden mendicante. Y el hecho que hasta las personas sencillas colaboren con nosotros nos ayuda a tomar conciencia de nuestra vocación.

También el uso de nuestro hábito religioso, según nuestras Constituciones, es un signo de minoridad y pobreza. Sin duda, aunque no sea obligatorio el uso continuo, es un signo fuerte de nuestra consagración y nos ayuda a consolidar nuestra identidad. En algunos momentos de la vida fraterna, como en las oraciones o también en la pastoral, podría ser un signo importante de nuestro amor a nuestra vocación, y se muestra como un excelente promotor vocacional.  


C.     Sobre el valor de la vida de oración.

Según el ideal de san Francisco, la oración debe tener la prioridad en nuestra vida, nada debe anteponerse a ella, y esto queremos tratar de vivir en todas nuestras fraternidades. Buena parte de nuestro tiempo queremos estar en fraternidad con el Señor, gustando de su presencia, alimentándonos de su Palabra, llenándonos de su gracia. Esto significa un tiempo importante. La oración no puede entrar en los tiempos que sobran de otras actividades, sino las otras actividades ocupan el tiempo que sobra de la oración (de lo contrario, ella no es el principal). La oración no debe ser un peso, una obligación, sino una gracia, una delicia, por eso no debe ser dejada por realizar otras cosas, sino se debe vivir gustosamente esta prioridad.

La eucaristía debe ser la fuente y la cumbre de la vida fraterna. Debe ser ordinariamente celebrada todos los días con la presencia de todos los hermanos de la fraternidad, en la capilla de la fraternidad o en otro lugar, con o sin la participación de otros fieles, aunque algún hermano tenga alguna otra misa por motivos pastorales igual lo ideal es participar de la misa fraterna, como pide la Iglesia. Esta misa fraterna, sacramento de la unidad, celebrada por todos los hermanos diariamente es el fundamento de nuestra fraternidad, y es lo que nos ayuda a ser un solo cuerpo y una sola alma. Esta misa debe ser vivida con mucha vibración: preparando lo que es necesario para que la participación sea activa, consciente y fructuosa.

La liturgia de las horas que esparce el gozoso diálogo con el Señor en las varias horas del día debe marcar el ritmo de la fraternidad y ser motivo de alegría y empeño. Todos nosotros por la profesión religiosa asumimos el compromiso de rezarla integralmente, en fraternidad, y cuando esto no es posible, cada uno debe hacerlo, aunque sea solito. En lo posible, la fraternidad debe celebrar todas las horas (oficio de las lecturas, laudes, una hora media, vísperas y completas). Pero, laudes y vísperas según las Constituciones, no se puede negociar, esto es, la fraternidad tiene que encontrar el modo de celebrarlas ordinariamente en común, y además todas las otras que se puedan. Aquí el criterio se invierte: no el mínimo exigido, sino el máximo posible.

La oración mental, meditación o contemplación. La tradición capuchina siempre fue muy celosa de este tiempo de silencio vivido generalmente en común en el coro y completado en los cuartos. Según nuestras Constituciones este tiempo debe ser de al menos una hora diaria. A veces estamos tan agitados que nos cuesta vivirlo, pero es importante practicarlo con paciencia para crecer en este valor. Se puede hacer en dos momentos en el día, pero la experiencia nos dice que es mejor hacerlo juntos en la capilla. No podemos definirnos como contemplativos si no tenemos esta experiencia. Aun estando abrumados de trabajos apostólicos, este tiempo se hace esencial, para poder trabajar bien.

Además de todo esto, es también muy importante, que los hermanos cultiven alguna oración devocional que según la oportunidad podrá ser vivida en fraternidad, pero sin que sea una sustitución a las otras formas de oración (misa, liturgia de las horas o la meditación) sino como algo más que se agrega. 


D. Sobre el valor del apostolado.

El apostolado es parte integrante y necesaria de nuestra vida capuchina. Somos llamados, consagrados y enviados para servir. No tiene sentido nuestra vida, si ella no se hace servicio a la Iglesia y muy especialmente a los que sufren. Es importante tener claro que el apostolado no es nuestra prioridad, esto es, no es lo que viene primero, pero esto no significa que podamos vivir sin él. Esto sería un absurdo.

Ya que somos llamados a vivir nuestra misión como hermanos menores, nuestro apostolado debe ser caracterizado por nuestro modo de ser. La Iglesia espera de nosotros capuchinos una colaboración específica, una evangelización desde nuestro carisma, una obra apostólica que tenga nuestra marca. No “quiere” que hagamos simplemente lo mismo que puede hacer muy bien un padre diocesano u otro misionero.

Es por ello que al momento de ejercer nuestra actividad apostólica es importante recordar que somos hermanos. Es desde la fraternidad que servimos. En la fraternidad discernimos, asumimos, trabajamos y evaluamos. Fundamental es trabajar juntos, todo lo que hacemos debe ser expresión fraterna. No somos una sociedad de vida apostólica, esto es, de “pastoralistas” que viven juntos solo para facilitar ciertas cosas, pero que en el trabajo apostólico cada uno hace lo mejor que puede y cada uno en lo suyo. (Y no es que los que hacen así lo hacen mal, al contrario, hay mucho mérito, pero nosotros, capuchinos, no debemos ser así). Somos y queremos ser una fraternidad apostólica, esto es, hombres transformados a los que les gusta trabajar juntos, en equipo, superando competiciones, celos y protagonismos personalistas…  

Pero no solo somos hermanos, también somos menores, esto es, preferimos estar en el último lugar, nos gusta hacer lo que otros no quieren hacer, nos gusta ir al encuentro de los «leprosos» para que ellos nos sanen, y hagan dulce lo que a los ojos del mundo es amargo, nos gusta ir al encuentro de los que están alejados de Dios. No tenemos necesidad de tener un lugar donde decir “aquí mando yo”.

Es muy importante tener presente lo que somos para hacer nuestro plan pastoral o nuestro proyecto misionero. Ambas fraternidades deben descubrir el servicio pastoral específico que Dios quiere de nosotros los capuchinos allí, un proyecto que no dependa tanto de cualidades específicas o del gusto de un determinado hermano que ahora está allí, sino algo que pueda ser apropiado para cualquier hermano capuchino que venga y quiera sumarse, y que, si uno se va, igual pueda continuar. No se quiere despreciar los dones personales de cada uno, que ciertamente son una riqueza, y pueden ayudar mucho, pero dentro de un plan de conjunto.

Otro aspecto muy importante para nuestro plan pastoral es acompañar a la Iglesia, estar atento a las indicaciones de los obispos, siempre y cuando no nos quieran descaracterizar en nuestro carisma. Es misión de los obispos ayudarnos en la fidelidad al carisma que fue aprobado por la Iglesia.

Es muy importante que estas fraternidades tengan una fuerte vibración vocacional, esto es, recen por las vocaciones y estén atentas a suscitar la inquietud vocacional en los jóvenes con los cuales tendrán contacto y acompañarlos vivamente en el discernimiento, dando la posibilidad de compartir nuestra vida. Al momento justo las vocaciones serán enviadas a la circunscripción correspondiente.   


4.      ¿Dónde estarán ubicadas estas fraternidades ‘San Lorenzo’ en Amazonia? 

Serán dos fraternidades internacionales en la triple frontera entre Brasil, Colombia y Perú, en las ciudades de Benjamin Constant (Brasil) y Leticia (Colombia), donde ya tenemos fraternidades. 


5.      ¿Cuál será su especificidad?

A parte de vivir la propuesta de Fraternidades Internacionales de San Lorenzo de Brindis en este contexto significativo y misionero, deberán ser un centro de formación que pueda ofrecer, especialmente a los postnovicios y también otros hermanos que lo desean, la oportunidad de una formación teórica y práctica sobre el ideal de misión en nuestra Orden Capuchina. (Fr. Roberto Genuin, Ministro General. Prot. No. 000240/20).

Por lo tanto, ambas fraternidades compartirán este mismo y único proyecto, y deberán ser una presencia significativa del carisma capuchino en la Amazonia (fraternos, menores, contemplativos y apostólicos) que servirán como escuela de vida y misión para los hermanos que están en su formación permanente y deseen esta oportunidad y muy especialmente los hermanos que están completando su formación inicial.

 


6.      Características generales y comunes a las dos fraternidades

A.     En cuanto a la composición del número de hermanos se indica lo siguiente:

      Debe haber al menos 4 hermanos estables en cada fraternidad, mejor aún si fueran 5, para que, si algún hermano tenga que ausentarse por algún motivo o ir de vacaciones no deje de ser una fraternidad. 

      De estos hermanos al menos 2 deben ser de la propia circunscripción, uno de Perú y los demás de cualquier otra circunscripción de la Orden, con un contrato de colaboración fraterna, preparado para esta realidad, y firmado entre los superiores mayores interesados y con el visto bueno del Ministro General.

B.     Respecto a los idiomas, será muy importante que en Benjamín Constant se tenga al menos un hermano de lengua española y en Leticia al menos uno de lengua portuguesa. Este bilingüismo parece ser también una exigencia por la posición de ambas fraternidades:

      Benjamín Constant que está en el Brasil, tiene del otro lado del rio “Islandia” que es Perú y el inmenso rio Yavari, que es la frontera entre ambos países con muchas comunidades (indígenas y “riberinhas”) a la cual estamos llamados a atender pastoralmente…

        Leticia que está en Colombia, está del otro lado de la calle con Tabatinga, que es Brasil, también del otro lado del rio está Santa Rosa (Perú) con muchas comunidades muy          desasistidas. En la misión de esta fraternidad sería muy importante descubrir un apostolado que puede superar estas fronteras. 


7.      La relación entre las dos fraternidades:

Cada una de las fraternidades dependen del superior mayor al cual pertenece su territorio, sin embargo, tienen un programa en común de mutua ayuda para animarse en la vivencia de los aspectos carismáticos y comparten el programa formativo misionero. Es por ello que tomarán en cuenta los siguientes aspectos para mantener una relación y proyecto común:

      deben realizar al menos un encuentro mensual de un día completo, con la participación de todos los hermanos: puede ser un capítulo formativo, una jornada de retiro, un compartir de los servicios misioneros y también conmemoraciones de los cumpleaños u otros eventos.

      los encuentros podrán ser alternados entre ambas fraternidades, a menos que exista un motivo o situación particular que exija otra cosa.

      en un encuentro de programación al inicio del año se debe hacer el programa de estos encuentros para todo el año, pero nada impide que se realice alguno extraordinario por alguna otra ocasión.

      los guardianes deberán estimular una fecunda relación entre todos los miembros de las dos fraternidades, y las ocasiones de encuentro de ambas deben ser vistas y vividas como una grata oportunidad de vivencia fraterna.

      se debe crear medios fluidos de comunicación entre todos los miembros de las dos fraternidades como podría ser un grupo de en las redes sociales u otros medios.

      será importante que ambas dialoguen sobre aspectos específicos que quieren tener, sobre los horarios, y también sobre las cosas prácticas para que en lo posible puedan asemejarse, pensando en los grupos que van a hacer la formación, para que no haya fracturas, y quede claro que tienen idénticas motivaciones.

      cada fraternidad tendrá su propio proyecto de apostolado misionero, pero será importante que se promueva en el año algunas actividades pastorales en común, involucrando a todos los hermanos de ambas fraternidades, como expresión concreta de nuestro modo fraterno de servir a la Iglesia.

      los hermanos de una fraternidad deben conocer relativamente bien el servicio pastoral que se realiza en la otra, como para permitir sin problema, que los de una puedan suplir en la otra cuando los hermanos de aquella deban ausentarse por las actividades de la circunscripción: retiro anual, asamblea… 


8.      Características de los hermanos para estas fraternidades.

Es muy importante que los hermanos que van a componer estas fraternidades sean hermanos que vibren con la vocación capuchina: gusten de vivir y trabajar en fraternidad; dispuestos al diálogo, a planear y evaluar; estén animados y deseosos de una vida de oración como es nuestro ideal; no tengan problema con los servicios fraternos y con una vida sencilla; sientan amor por el apostolado, la evangelización y misión; y tengan una adecuada salud física. No es que deban ser hermanos perfectos, pero sí hermanos que no tengan resistencia a lo que nos es propio de estas fraternidades internacionales de San Lorenzo, y quieran crecer.

Es también muy importante que los hermanos que participarán del proyecto estén atentos a construir estas presencias auténticamente capuchinas pero con un rostro amazónico. Ciertamente nuestro modo de ser capuchinos puede ser enriquecido con muchas expresiones nuevas aprendidas de las culturas milenarias que allí están.  Por eso, especialmente los “nuevos” hermanos que van a vivir allí deben ser preparados para esta experiencia, en particular los que vienen de otras realidades: estudiar algo de la cultura, de la iglesia local, de la inculturación, del diálogo interreligioso, etc. En una palabra: estar muy dispuesto a aprender, más que enseñar… 


9.     Misión del superior mayor de la circunscripción que está en su territorio

Cada fraternidad será animada por el superior mayor de la circunscripción territorial, esto es, estará bajo su responsabilidad, como todas las demás fraternidades de la provincia, pero éste debe tener en cuenta su particularidad:

      Existe un proyecto común entre ambas fraternidades, el cual deberá custodiar, promover y respetar.

      La importancia de dialogar sobre posibles decisiones con el superior mayor de la otra fraternidad y también con el Consejero General del área.

      La visita del superior mayor deberá ser al menos dos veces al año, y en lo posible una de estas podría hacerla juntamente con el superior mayor de la otra y visitar ambas fraternidades, y enviar una relación a los Consejeros Generales del área.

      Es muy importante que el superior mayor no piense que éste es un proyecto de la curia general y se desentienda de él.

      Aunque el proyecto depende de los superiores mayores de la circunscripción territorial, la curia general (especialmente a través de sus secretariados) ofrece el acompañamiento sobre cuestiones específicas como: la buena conformación de la fraternidad, la calidad de la oferta formativa y la continuidad de la colaboración.            


10.      El proyecto fraterno de cada fraternidad y el proyecto de formación misionera

Los hermanos que conformarán estas fraternidades dedicarán en el año 2022 a vivir intensamente nuestra vida capuchina, procurando consolidar la vida fraterna, la minoridad y la vida de oración.  Ciertamente este estilo de vida exige desinstalarse, rehacer opciones, rever prioridades, pero es justo por eso que es un «ideal de vida», esto es, algo que nos estimula, nos mueve y nos empuja. Durante este período de tiempo los nuevos conocerán además los servicios apostólicos que actualmente se realizan, procurando acercarse con apertura y respeto a las personas, los grupos apostólicos y las comunidades indígenas. No es este un tiempo para realizar cambios o modificaciones, sino para conocer, dialogar y comprender lo que se realiza, y conocer a las personas del lugar, su cultura, su fe.

También, en este primer año los hermanos elaborarán en conjunto con los secretariados generales un curso de formación misionera para todos los postnovicios de las Américas y también para otros hermanos de cualquier parte del mundo que quieran pasar un tiempo de formación permanente misionera y también carismática, para realizarse ad experimentum en el año de 2023.

A partir del segundo año, los hermanos iniciarán a elaborar un nuevo proyecto pastoral misionero que se ajuste a nuestro estilo de vida capuchino y a las fraternidades internacionales “San Lorenzo de Brindis”. Para ello se tomarán en cuenta:

      Las indicaciones del Papa Francisco en la exhortación “Querida Amazonia”.

      Las indicaciones de Conferencia Eclesial Amazónica;

      Las indicaciones de los obispos del lugar, de acuerdo al plan pastoral diocesano.

      Conocer las indicaciones de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) y descubrir qué aporte especifico podemos dar a este proyecto tan importante.

      Ser capaces de participar en iniciativas inter-congregacionales que sean promovidas en la zona.

Queremos en primer lugar vivir intensamente nuestra vida capuchina, y deseamos que los formandos y hermanos que harán experiencia en estas fraternidades, no solo crezcan en el deseo de la misión entre los indígenas, que será muy interesante, sino que vuelvan a sus circunscripciones reavivados en nuestra vocación ordinaria.


11.    Fondo de mantenimiento

Ordinariamente cada fraternidad debe buscar el modo de subsistencia con el propio trabajo, con la colaboración de las personas locales, y se esto no fuera suficiente con la ayuda de la circunscripción.

El mantenimiento ordinario de los inmuebles, así como otros gastos o impuestos relacionados con su posesión, correrán a cargo de las circunscripciones propietarias de los inmuebles.

Se deberá crear un fondo para ayudar en el mantenimiento del “Proyecto” en lo que las propias fraternidades no puedan, en las Conferencias Capuchinas de América, con la colaboración de cada una de las circunscripciones, a través de sus respectivos Secretariados para la Evangelización, Animación y Cooperación Misionera.

En caso de necesidad extraordinaria, el superior mayor de la circunscripción, o los dos superiores mayores, podrá enviar oportunamente una solicitud de ayuda económica a la Oficina de Solidaridad Internacional de la Orden. 


12.    Conclusión.

La Orden ve en las fraternidades «San Lorenzo de Brindis» un modo de rescatar nuestros valores, y con ellas ayudar en el reavivar la llama de nuestro carisma.

Las indicaciones contenidas en este proyecto de fraternidades internacionales en el corazón de la Amazonía en realidad no son nada más que lo que se debería vivir en todas las fraternidades capuchinas, pero que por muchos motivos están a veces un poco descuidadas. No son exigencias pesantes, sino el modo de ser capuchinos en el mundo, y  los hermanos que sienten esta vocación pueden realizarse profundamente al vivirlos. Vivir estos valores es ciertamente nuestro mejor camino de felicidad capuchina.



Perfil de los hermanos para formar parte de las fraternidades internacionales en la Amazonia

 

Premisa: Sabemos que el hermano ideal no existe y todos nosotros estamos en construcción, pero teniendo en cuenta las características propuestas a estas fraternidades, queremos dar algunas indicaciones que puedan ayudar en primer lugar a los propios hermanos que desean participar a esta experiencia para que puedan hacer su discernimiento personal y después también a sus superiores mayores que según nuestras Constituciones son los que deben enviar generosamente los hermanos a la misión, desde que juzgados idóneos. “Los ministros no rehúsen enviar hermanos aptos a causa de la escasez de hermanos en la provincia, sino descarguen todo su pensamiento y preocupación en Aquél que tiene constante cuidado de nosotros.” (C. 178,3) 


1 – Debe ser un hermano que “por divina inspiración se sienta llamado a esta labor misionera” (C.178,1), esto es, que haya madurado en la oración y en la vida esta llamada divina.

2 – un hermano que tenga vibración con nuestro carisma y quiera vivir la misión desde nuestra dimensión carismática. No basta solo el deseo misionero, es necesario que quiera ser un capuchino misionero.

3 - un hermano idóneo a la vida de fraternidad: capaz de escucha y dialogo, de amar y servir a los hermanos, relaciones interpersonales saludables, no conflictivo. Que le guste las dinámicas fraternas: capítulos locales, compartir fraterno. Una persona positiva y flexible.

4 – un hermano que guste la minoridad. Disponible a hacer los servicios fraternos hasta los más sencillos. Sin demasiadas exigencias en lo que sean las comodidades, o la alimentación, o artículos personales, con capacidad de gestionar positivamente las limitaciones logísticas del lugar. Que crea que la pobreza es un valor.    

5 – un hermano abierto y vibrante con nuestra vida de oración, que entienda que ella es nuestra prioridad (C. 45,7). Que quiera crecer en la vida espiritual capuchina. Que no tenga resistencia a la eucaristía diaria, liturgia de las horas y la meditación, aunque sienta que tiene que mejorar.

6 – un hermano optimista, generoso con la vida apostólica y dispuesto a vivirla desde la fraternidad. Que quiera experimentar la fraternidad como primero apostolado. Capaz de donarse en la misión, pero dejándose orientar por la fraternidad y la Iglesia. Abierto a la inculturación, capaz y disponible al aprendizaje de otros idiomas y con especial gusto en el servicio a los más necesitados. Capaz de colaborar en forma creativa con un proyecto misionero (planear, ejecutar y evaluar).  

7 – un hermano dispuesto a colaborar en el acompañamiento y formación de hermanos que visitan las fraternidades para tener una experiencia de fraternidad y misión, predicando tanto con el testimonio de vida como con las palabras.

8 – un hermano maduro (preferiblemente de entre 35-55 años de edad), con buena salud física y emocional. Que si tuviera algún problema de salud no fuera algo que ponga en situación difícil la fraternidad. Que tenga una estabilidad emocional capaz de vivir con alegría las posibles situaciones que se pueda dar en una misión.

9 – un hermano que sepa relacionarse con la propia familia y con las amistades externas sanamente, sin crear situaciones incomodas a la fraternidad.

10 – que sea uno hno que desee hacer parte de esta experiencia por al menos 6 años.

Insistimos que no estamos pensando a un hermano perfecto, sino un hermano, como la mayoría de los hermanos, que vive con alegría, sencillez y disponibilidad su ser capuchino y tenga ganas de crecer y mejorar en todo lo que sea posible. Pero hay algunos hermanos que por su historial se percibe claramente que no son indicados a esta experiencia, pues ciertamente sufrirán mucho y también harán sufrir.









giovedì 23 dicembre 2021

Encarnación y misión

 El paradigma de toda misión cristiana



Dios entró en la historia humana a través del misterio de la encarnación del Verbo eterno. El Padre envió a su Hijo amado para salvar a la humanidad de un modo tan simple y a la vez tan arraigado, que nos deja perplejos: el Creador se hizo creatura; el Omnipotente se hizo dependiente; el Eterno se hizo mortal... Esta es la manera como Dios realiza su misión. 

Este es el paradigma de toda misión cristiana: treinta años de silencio, de escucha, de aprendizaje, de meditación, para después exponer los misterios profundos de Dios a través de gestos y palabras simples o de ejemplos de situaciones cotidianas que pudieran ser comprendidas por todos. Y "hablaba con autoridad".

Francisco de Asís entendió que el misterio del pesebre nos enseñaba un proyecto de vida y de misión, por eso a él "le gustaba tanto recordar la humildad de la encarnación" y quiso "ver con sus propios ojos" y sin adornos la minoridad de Dios, para adecuarse a ella.

La encarnación debe iluminar nuestro proyecto misionero. Quien contempla con los ojos de la fe la humildad de Dios, sabe que la misión exige primero encarnar, "someterse a toda humana criatura", aprender... para luego encontrar el momento y el modo justo para abrir los tesoros de la revelación.

Que Francisco de Asís nos ayude a contemplar en el pesebre con nuestros propios ojos, el prototipo de hermano menor que acepta vivir la misión cristiana en este mundo. 

Paz y bien.

martedì 12 ottobre 2021

Capuchinos: una orden misionera

 Renovar el espirito misionero






San Francisco de Asís desde los inicios quería que su orden fuera misionera. Él fue el primer fundador que escribió en su regla sobre los hermanos que, por inspiración divina, partirían más allá de las fronteras cristianas y dio instrucciones sobre el modo de actuar en la misión.

Los capuchinos fuimos grandes misioneros. Nuestro ideal era ser: misioneros y santos.

En los siglos XVII, XVIII y XIX colaboramos generosamente con Propaganda Fidei, de hecho, miles de hermanos dejaron su patria y ayudaron a implantar la iglesia en muchas partes de las Américas, de África y de Asia.

A inicios del siglo XX la orden decidió que cada provincia debía asumir una misión, esto generó un nuevo vigor misionero en los capuchinos de Europa y Norte América, donde ya teníamos provincias.

Hoy, Dios nuevamente nos desafía a renovar el espíritu misionero capuchino. La Orden está aprendiendo a ser misionera también desde sus nuevas fundaciones: ahora son los hnos africanos, indianos, asiáticos, latino americanos, brasileños que principalmente están partiendo a las misiones.

¡Ser Capuchino es ser misionero! No puede haber una circunscripción sin misioneros más allá de su  territorio. Cuidemos y valoremos este rasgo de nuestro carisma, enseñemos a nuestros formandos el valor de la misión y atrevámonos a dejar nuestra estabilidad para dar la vida donde Dios nos envía. La misión da un nuevo vigor a nuestras circunscripciones.

missionicap@gmail.com

sabato 29 maggio 2021

Los Capuchinos y la Virgen de Lourdes

 

Lourdes, el P. Marie-Antoine de Lavaur y 


los frailes capuchinos

1. El 11 de febrero de 1858, Bernadette Soubirous, una joven de la ciudad de Lourdes, que fue con dos amigas a recoger leña a lo largo del río Gave,   siente un ruido, como una fuerte ráfaga de viento. Levantando los ojos ve en el hueco de una gruta a una bella Señora que la llama para que se acerque; la Bella Señora le sonreía. El padre Marie-Antoine escribirá luego: «Y es en esta pobre gruta de Lourdes, hasta ahora ignorada y desconocida para Francia y el mundo, donde el universo vendrá a contemplar esta sonrisa». Por dieciocho veces la jovencita irá a la gruta como se lo pidió la Señora. Estas apariciones han conmocionado a la sociedad del tiempo y suscitaron un gran entusiasmo.

Entre la 17° y la 18° aparición, mientras predica en los alrededores de Lourdes, el padre Marie-Antoine de Lavaur, ya famoso y conocido como el santo de Toulouse, decide llegar hasta la gruta de Massabielle para ver en persona lo que sucede en este recóndito lugar, y para  encontrar a la pequeña vidente.

2. El padre Marie-Antoine, misionero capuchino – alto, de barba larga, hábito gastado, con un crucifijo ceñido al cordón, de alegre sonrisa y una mirada memorable – ha marcado con su carisma un intenso apostolado de cincuenta años por toda Francia. En su tiempo gozó ya de una extraordinaria popularidad; publicó cerca de ochenta obras entre ellas Las grandes glorias de San Antonio de Padua, con una tirada de medio millón de copias.

León Clergue, este fue su nombre de bautismo, nace en Lavaur (Tarn) el 23 de diciembre de 1825 en
el seno de una familia muy piadosa. Al día siguiente es bautizado y consagrado a la beata Virgen. Con una vocación precoz entra a la edad de 11 años al seminario menor de Toulouse. Ordenado sacerdote en 1850, es inmediatamente nombrado vicario en Saint-Gaudens donde siente el llamado de San Francisco y en el 1854 entra al noviciado de los capuchinos de Marsiglia, asumiendo en el día de la fiesta de San Antonio de Padua el nombre de P. Marie-Antoine. Un año después, comienza su exitosa predicación en Marsiglia, en Tolone, antes de ser enviado a la edad de 32 años, a fundar el gran convento de los Capuchinos de Toulouse, al cual estaría ligado por toda la vida. Su notoriedad se extiende velozmente por toda la ciudad. Por su amor por los pobres, su pasión por Cristo y María Inmaculada, y por su vida cada vez más humilde, desprendida y desapegada de sí,   recibe el sobrenombre de «el santo de Toulouse», cuando no tenía aún 40 años.

Un gran «obrero» de María; ha incentivado y animado muchas peregrinaciones marianas; y estará en el inicio de la devoción popular a Nuestra Señora de Lourdes y de las primeras grandes peregrinaciones.



Desde 1893 se dedica a la Obra del Pan de San Antonio, en el resurgir de la devoción al santo franciscano en Francia, y en los últimos años de su vida, realiza un antiguo sueño al hacer construir la capilla de la Virgen de la Consolación en Lavaur, su ciudad natal.

Misionero capuchino hasta el final, creativo, con una energía sorprendente, confesor imparable, lleva adelante su cruzada en todos los frentes: la descristianización del país, la pérdida de las costumbres, la desobediencia en todas sus formas, la libertad de los religiosos despreciados y forzados al exilio en 1880 y sobre todo en 1903. Sus armas son la oración, la formación religiosa del pueblo y sobre todo de los niños, la predicación popular; habla a menudo en dialecto, y conduce a su auditorio hacia un Dios de misericordia y de amor.


Muere en Toulouse el 8 de febrero de 1907 en la soledad de un frío convento, del cual las autoridades públicas no tuvieron el valor de sacarlo por temor a las masas populares. Una multitud de más de cincuenta mil personas asistió a sus funerales, acompañándolo en su último viaje, según datos de la prensa de la época. Su cuerpo, exhumado del cementerio de la ciudad en 1935, reposa actualmente en la capilla de su convento, que pasó a propiedad de los carmelitas en 1999. Su tumba no dejó de ser objeto de ferviente devoción. Es declarado venerable el 23 de enero de 2020.

 

3. El obrero de María está en Lourdes. La Virgen ha aparecido nuevamente el miércoles de Pascua. Bernadette, que hizo la primera comunión el 3 de junio, participa de la misa que celebra el capuchino. Frente  a esta señorita piadosa y cándida como un ángel, así de pobre y grácil, el fraile queda encantado. Bernadette recibe la comunión durante la misa, y el padre escribe «Este mismo día, me han permitido interrogarla por largo tiempo. Cada una de sus palabras es para mí una perla preciosa que he guardado en el cajón de mis recuerdos más religiosos». El padre Marie- Antoine se deja deleitar con la historia de Bernadette. Ninguna duda lo rodea. Todo es verdad. Bernadette es como una flor caída del cielo, o mejor aún, del mismo corazón de María, llamada a ser testimonio eterno y siempre sensible de las apariciones. La última de estas será el 16 de julio.

El padre Marie-Antoine pidió a Bernadette que le repita los gestos que acompañaron la frase «Yo soy la Inmaculada Concepción» Él mismo recuerda que Bernadette incorporándose dijo: «Ella hizo así». «Y al mismo tiempo, su rostro asumió una expresión adorable que no se borrará jamás de mi memoria. Como la santa Virgen, Bernadette  primero extiende las manos, luego las eleva a la altura de los hombros, al final las une sobre el pecho y, mirando al cielo, me dice: Fue en este momento en que la santa Virgen dijo estas palabras «Yo soy la Inmaculada Concepción», Parecía una visión del cielo. Bernadette estaba transfigurada, algo sobrenatural se reflejaba en su rostro, ¡sus ojos se perdían en el infinito! Ambos, profundamente conmovidos nos quedamos en silencio por un momento. “Niña querida, ¡cómo eres feliz!” Bernadette asiente modestamente con la cabeza. “Oh, Padre mío, ¡cómo es bella la Virgen santísima, cómo es bella! Todas las imágenes, todas las señoras de la tierra no son nada frente a ella”».

El padre Marie- Antoine tendrá particularmente en la mente un pedido de la Virgen: «Quiero que se venga aquí en procesión». Tal deseo encuentra un eco especial en su ánimo de apóstol. Y mons. Peyramale, párroco de Lourdes, no tendrá un apoyo más fuerte y un mejor colaborador que el capuchino. Los dos hombres, de fe fuerte y obstinada energía, estaban siempre de acuerdo. El 18 de enero de 1862, el obispo de Tarbes reconoció las apariciones, autorizó el culto en la gruta y propuso además construir allí un santuario. Juntos, los dos sacerdotes, encaminarán las acciones para promover las peregrinaciones a la Gruta de Massabielle. Sin embargo, pasarán seis años para que sea organizada la primera gran peregrinación regional, la de veinte parroquias de la región de Tarbes, guiada por el padre Marie-Antoine.

Pero el capuchino, apóstol de María desde su adolescencia, aprovechando una misión que predica en los alrededores, va a Lourdes en abril de 1862. Es una peregrinación solitaria. En una carta describe a sus padres su experiencia: «El lápiz no tiene el poder de expresarlo, debemos verlo, escuchar y sentir estas cosas del cielo. María está allí, todavía visible, se respira el perfume que ha dejado en este valle, en esta gruta y en esta colina. Parece que la veo y siento su voz, cuando veo y siento a la pastorcita que tuvo la fortuna de ser visitada por Ella en dieciocho ocasiones».

El año siguiente, quizás una tarde de mayo de 1863, siendo tal vez las nueve de la noche, unas veinte personas rezan en la penumbra. Alrededor de otras veinte velas están encendidas a los pies de una imagen de la Virgen. Todo está sereno. «Estas velas deben caminar y cantar» dice para sí el capuchino. Dicho y hecho. Todos son invitados a tomar una vela. «En sus manos, estas antorchas forman un semicírculo frente a la gruta, al canto del Ave Maris Stella. Al día siguiente son cien antorchas; después miles y miles circularán por el sendero ondulante, en la explanada o en el césped». Y, a partir de 1872, con el inicio de las grandes peregrinaciones, las procesiones con antorchas estan en el centro de la liturgia popular de Lourdes.

El padre Marie- Antoine ha hecho grandes cosas en Lourdes. Cuantas más, sin embargo, hubiera querido realizar. Los buenos padres de la Gruta – como les llama – desconfían de sus iniciativas y sus proyectos, buscan resistirlos en todos los modos posibles. Pero él tiene argumentos que desarman. En el año 1870, mientras se está construyendo la Basílica de la Inmaculada, él quiere que sea mucho más grande para rendirle un culto perpetuo a María. Sueña también con la presencia de los capuchinos como confesores. Alrededor de 1880, una benefactora le dará el dinero en efectivo para construir un gran convento para los frailes; pero es el periodo de las expulsiones anticlericales, y debe rechazar el dinero, además todos los frailes, excepto él, van al exilio.

 

4. Pero en Lourdes la presencia de los capuchinos será siempre viva. Además del recuerdo del padre Marie-Antoine y su busto al final de la Vía Crucis, a más de los numerosos frailes que durante toda la época de peregrinaciones se acercan de todas partes del mundo a la gruta de Massabielle acompañando a los grupos, hay un capuchino en vela y que precede a los demás. En uno de los cementerios del pequeño pueblo de los Pirineos, un sepulcro es cumbre de peregrinaciones. Está siempre cubierto de flores frescas y de tantas ofrendas ex voto: está allí sepultado fray Giacomo de Balduina, peregrino de Lourdes (1900-1948). Nacido en Balduina, provincia de Padua, entró con los capuchinos en Rovigo. En 1918 debe interrumpir sus estudios para cumplir con el servicio militar en Milán. Luego de cuatro años retoma el camino del convento y el 28 de setiembre de 1922 en Bassano del Grappa, viste el hábito franciscano, luego irá a Venecia para los estudios teológicos. Muy pronto enferma gravemente. Los superiores, suponiendo que no vivirá mucho tiempo, lo hacen ordenar sacerdote. Luego de la ordenación, con dificultad lleva adelante su ministerio de modo heroico, y se distingue particularmente  en escuchar las confesiones sobre todo de varones, sacerdotes y seminaristas a los que acoge en su celda. Un día le confía a un seminarista que, como él, estaba de pie gracias a las muletas: «Yo sin embargo, no puedo esperar nada mejor. Me ofrecí víctima a Dios por la santificación de los sacerdotes. Dios ha aceptado mi ofrecimiento y ha dispuesto que sea la encefalitis letárgica el instrumento mejor para cumplir mi ideal».

Muy devoto de la Virgen, parte en peregrinación a Loreto en 1941 y 1946; y en 1948, sin embargo, va en tren a Lourdes. Será su último viaje. Ha pedido una gracia especial. No se trata de su sanación, sino poder ir al cielo bajo la mirada de María: llega alrededor de las 16 hs. el 21 de julio de 1948, después de 35 horas de viaje. En medio de la fiebre repetía: «a la gruta, rápido, llévenme a la gruta»; el médico dispone llevarlo al albergue donde se recibe a los peregrinos enfermos. Con el pasar del tiempo, la respiración del padre Giacomo se vuelve jadeante y sin fuerzas. Pierde la consciencia, pero más tarde, al momento que se cantan las vísperas, abre los ojos y, con  voz débil, canta el Magnificat, para entregar su alma a Dios, como quería, bajo la mirada de María, aún sin estar en la gruta. Es sepultado en Lourdes, su tumba es un lugar de gracia para innumerables peregrinos del mundo entero. El 16 de junio de 2017, el papa Francisco autorizó la promulgación del decreto con el cual el padre Giacomo era declarado venerable.

 

5. De todos modos, se deberá esperar hasta el 2017 para ver una fraternidad de capuchinos en Lourdes. El sueño de Marie-Antoine se vuelve realidad, la presencia de Giacomo, una bendición. Los santos frailes nos preceden y abren el camino. El apóstol y el peregrino están ahora velando por la naciente fraternidad de los capuchinos de la ciudad mariana.

La fraternidad de Lourdes nace en el contexto del Proyecto de las fraternidades para Europa, muy oportunamente rebautizado «San Lorenzo de Brindis». Somos actualmente 5 frailes, 3 provenientes de las provincias de Cerdeña y Córcega, un fraile en año sabático de la provincia de Messina, y un pos novicio de la provincia de Francia.

¿Cómo se llegó a Lourdes? Inicialmente las provincias de Cerdeña y Córcega y la de Génova (la fraternidad inicial tuvo un hermano de Génova que ha fallecido, Fray Andrea Caruso) propusieron al provincial de Francia la apertura de una fraternidad en territorio francés. Habían reflexionado por bastante tiempo acerca del modo de colaborar con la provincia de Francia. No había posiciones o planes determinados. El único deseo era colaborar en el contexto del proyecto «fraternidades para Europa».

Lourdes se impuso por sí sola. Digamos simplemente que diversos factores fueron determinantes: Lourdes es un lugar visible, y ofrece todas las posibilidades para poner en práctica cuanto se expresa en la carta del Proyecto; una fortaleza de la vida de la Iglesia francesa, donde muchos, católicos y no católicos, se convocan de forma tácita; un lugar donde el enfermo y el débil están en el centro; un lugar franciscano a más de un título: es aquí que María dijo su nombre, Yo soy la Inmaculada Concepción, un nombre tan querido por el corazón de los hijos de san Francisco; la presencia de dos venerables: Marie-Antoine de Lavaur, el gran apóstol de Lourdes, y Giacomo de Balduina, ambos próximos a la beatificación (¡se espera!); pero lo que más nos mueve es que el deseo del obispo de Lourdes coincidió con el nuestro. Él soñaba con tener un signo comunitario de vida fraterna bien visible («¡con su hábito!») en el santuario.


Como frailes estamos sobre todo comprometidos en todos los niveles de la pastoral del santuario en la acogida de los peregrinos, al servicio de una estructura para personas con dificultades psíquicas, pero también para cualquier servicio en la diócesis. La fraternidad está, de hecho, incorporada a la vida de la provincia de Francia: la presencia de fr. Marie-Nicolas y antes de él de fr. Samuel, frailes en formación, ha ayudado mucho en crear un vínculo fuerte con el resto de la provincia. En nuestra casa de Lourdes, propiedad del santuario, no nos es posible recibir a todos  los hermanos de la Orden que piden alojamiento. Pero a la luz de todo lo expresado no sería inútil reflexionar sobre el potenciamiento de nuestra presencia. Lourdes le da una visibilidad mundial a nuestra Orden.

Podemos decir que estos 4 años vividos en Lourdes, son un tiempo de gracia y bendición. Paz y bien.


Contribución del hno Jean-Marcel Rossini, ofmcap, actual guardián.

Traduccion: hno Carlos Marcelo Caballero Negri, ofmcap